
Dos muestras simultáneas proponen un viaje sensorial al territorio austral
Por
Vanesa Catellani
El sur tomó la Casa Nacional del Bicentenario en la ciudad de Buenos Aires. Dos muestras simultáneas proponen un viaje sensorial al territorio austral: 22 creadores patagónicos en Travesía infinita y el dúo Valero-San Juan con su mirada sobre Tierra del Fuego en Alegoría de una isla. Orgullo Patagónico.
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El viento, el hielo, el mar subantártico. La estepa como estado mental y la nieve como escultura efímera. Desde marzo, la Casa Nacional del Bicentenario cedió sus salas al sur argentino: dos exposiciones simultáneas, curadas por Mercedes Guanziroli, convierten el edificio de Riobamba 985 en un territorio austral trasladado al centro de Buenos Aires.
La apuesta es doble y complementaria. En el Espacio de Arte Nacional, Travesía infinita reúne a 22 artistas visuales provenientes de distintos puntos de la Patagonia en una muestra colectiva, una panorámica regional. En el tercer piso, Alegoría de una isla concentra la mirada en Tierra del Fuego a través de las obras de Adriana Valero y Mariana San Juan. Juntas, las dos exhibiciones configuran algo que excede a cada una por separado: un programa curatorial que piensa el sur como imaginario, como identidad y como experiencia sensorial.
Mercedes Guanziroli, radicada en Río Grande, construye un puente artístico entre la Patagonia y la ciudad de Buenos Aires. En este recorrido indaga sobre el paisaje, la extracción de recursos naturales y las vicisitudes del territorio como lenguaje común. Durante la conversación exclusiva que mantuvimos, reflexionó sobre la existencia y los desafíos del campo artístico patagónico, reconociendo carencias estructurales pero reivindicando la potencia expresiva de la región:
“La Patagonia, como campo artístico, existe. Las distancias son tiranas, somos provincias más jóvenes, sin embargo, creo que tenemos mucho para decir y que podemos construir relatos que nos conectan.”

Travesía infinita: 22 voces desde el sur
¿Cómo se traduce en imágenes un territorio que desafía constantemente? Esa es la pregunta que subyace a Travesía infinita, donde las vastas extensiones de llanura, estepa y desierto, la cordillera y el mar aparecen no como fondo decorativo sino como materia viva de las producciones.
Ingrid Roddick, desde sus mapas imaginarios del Río Limay nos habla de esa identidad “Mis mapas están relacionados con la psicogeografía, esto es, como el entorno influye en nosotros psicológica o emocionalmente. A veces hasta nos hace recorrerlo de una cierta forma (…). En este mapa las experiencias de recorrer el río Limay y sus alrededores se codifican en las referencias. La desazón de tener las zapatillas y pantalones llenos de abrojos pinchudos después de una caminata por la estepa, la falta de arena para recostarse cómodamente, el agua fría apenas soportable, la zona de agua más fría aún, para deportistas implacables o truchas acaloradas; o sentir la angustia de que los cuerpos muertos se hunden más cuanto menor es la temperatura del agua y por eso es difícil encontrarlos, pero también, la euforia de llegar a una cumbre dejándonos sin aliento física y metafóricamente. Cómo contar nuestro paso fugaz por esta tierra? ”
Por otro lado, las obras de María Cruz Sueiro, capturan vistas microscópicas de fragmentos de bolsas, impulsadas por el viento y el mar, que lamentablemente también forman parte del paisaje. Junto a ellas, otras veinte voces — Alejandro Aguado, Bárbara Bavdaz, Betina Gabriela Benítez, Pablo Bozo Álvarez, Florencia Burton, Armando Calá Lesina, Luciana Chaparro, Horacio Córdoba, Braulio Cornelio, Martín Fossatti, Mónica Girón, Jainen, Perla Mabel León, Lucila Logioio, Marcela Luna, Adriana Navarro, Cris Rocha, María Alicia Silvani, Rolando Suárez y Noelia Villacorta— conforman una escena que Guanziroli pone en diálogo por primera vez en Buenos Aires.
La propuesta incorpora además una experiencia olfativa diseñada por Diana Avellanera, directora del Museo del Perfume, que amplifica el recorrido visual con aromas pensados a partir de las obras. El frío, la humedad salada, la tierra seca: el olfato como puerta de entrada a lo austral.

Alegoría de una isla: el sur desde adentro
¿Qué ve quien mira el mar desde adentro? Esa pregunta podría resumir el espíritu de Alegoría de una isla, donde Adriana Valero y Mariana San Juan retratan la Isla Grande de Tierra del Fuego desde dos miradas que se complementan sin fusionarse.
Mariana San Juan, nacida en Río Grande, vuelve a sus orígenes: la nieve y el hielo como esculturas efímeras, el invierno fueguino como estado emocional, la geografía como biografía. Adriana Valero, tucumana que hizo de la isla su hogar, sumerge al espectador literalmente: su serie submarina nació de un estudio minucioso de las algas marinas que bordean las costas, y desde ahí construye un universo de color y translucidez.
La elección del término "alegoría" en el título no es casual. La isla no es solo Tierra del Fuego: es también una metáfora de lo remoto, de aquello que existe en los márgenes del mapa y que por eso mismo concentra una intensidad particular.

“Hay un circuito patagónico que se está haciendo y es muy interesante. Estamos tratando de que estas dos exhibiciones se vuelvan itinerantes dentro de la Patagonia, lo cual me enorgullece, porque también creo que tiene que haber una retroalimentación, federalmente el interior está en desventaja.”
Relatos hechos de viento, petróleo, lana y agua. Contenedores de una sensibilidad poética que da pelea y grita. Artistas combativos que conectan geografías, reafirman comunidad y se resisten a quedar invisibles.
Ambas exposiciones pueden visitarse hasta el 26 de abril, de miércoles a domingos de 15 a 20 horas, en Riobamba 985, Ciudad de Buenos Aires. Entrada gratuita. Casa Nacional del Bicentenario.