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“Piel” Delfina Bourse

22 de abril

en PALATINA

publicado el

“Piel”

Delfina Bourse

El miércoles 22 de abril, Delfina Bourse inaugura “Piel”, su cuarta muestra individual en la galería Palatina. “Piel” continúa la investigación del diálogo entre pinturas y textiles que la artista inició hace casi siete años. Al resultado de ese proceso ella lo llama “cachitos”: retazos de pintura acrílica sacados de sus propias obras que Bourse conservó durante años hasta que se corporizaron para su gran muestra del 2024 en el Centro Cultural San Martín: “Vestimenta/Pentimento: Soportes y materia en tránsito” junto a Cecilia Ximenes.

A partir de dicha muestra, la artista egresada del I.U.N.A y primer premio joven del Banco Central, fue invitada a participar de una residencia en el Valle Sagrado de Cuzco en Perú. Allí, terminó de involucrarse y fascinarse con las técnicas de arte textil que luego volcó en la serie que será presentada en Palatina por primera vez, pero con una vuelta de tuerca: le dio un soporte bidimensional. “Si bien es cierto que las obras de esta exhibición no son textiles, la forma que tiene Delfina de encarar la pintura parece empujar los límites de la disciplina hasta el borde del telar, por la sucesión de capas distinguibles, por el grosor de los chorreados y por la aparición de materiales voluntariamente rotundos”, señala Marcos Krämer, quien escribe el prólogo de la muestra.

Además de estas pinturas textiles, la muestra contará con grabados cuya presencia dista de ser aleatoria: para Bourse, la técnica gráfica le permite resolver visualmente, las problemáticas que surgen durante la construcción de su obra. “Las pinturas de Delfina tienen un parecido a las imágenes digitales en su forma de construcción: un código escondido, matemático y prefigurado, atrás de lo que se presenta como volumétrico, seductor y producto del impulso. Las obras de esta serie se construyen con una lógica digital vectorizada extraída de los textiles, pero entregan, al final, un muro de colores indiscernibles que, sólo al principio, parece infranqueable. Y parte de su atracción reside en ese vaivén entre la opacidad del cuerpo de los colores y la capacidad de vislumbrar las capas que componen, encontrando en ambas veredas las mismas causas: sus texturas, sus irregularidades y su caos”, agrega Krämer.

La exhibición nace de la intencionalidad de poner foco en la superficie y todas las dimensiones que se desprenden de cada pieza. Si bien lo textil posee un innegable protagonismo en “Piel” y la abastece, la artista se afianza en la tradición pictórica, tomando conscientemente el arte textil, para reelaborarlo y darle una impronta propia y autosuficiente. Kramer concluye: “las obras de Delfina

Bourse recuperan una conversación olvidada entre la pintura moderna, la tradición textil de los Andes y el cúmulo de códigos de la abstracción”.

Los invitamos a visitar “PIEL” a partir del miércoles 22 de abril hasta el martes 26 de mayo de 2026 en Galeria Palatina ubicada en Arroyo 821, CABA. Los horarios de atención son de lunes a viernes de 11 a 18. La entrada es libre y gratuita. Teléfono: 4327-0620. Mail: galeriapalatina@gmail.com. IG: @galeriapalatina. www.palatina.com.ar

Delfina Bourse. Código táctil por Marcos Krämer

En 1979 ya se empezaban a ver las críticas a la mítica Bienal de Lausana, que supo consolidar al textil como disciplina autónoma para el arte moderno. Es claro que los acercamientos del arte occidental a las diversas variantes del textil ya habían tenido su empuje, por ejemplo, en la Escuela Bauhaus. Pero lo que antes era una promesa entre artistas como Anni Albers o Lenore Tawney, luego fue esencializado, explotado y criticado: tres movimientos que ejerce y padece cualquier maquinaria conquistadora. Al compás de otras brújulas, por estos lares, artistas como Alejandro Puente y César Paternosto comenzaban también a recuperar el vocabulario del textil con el fango de su tradición cultural suramericana, aunque se asumían honestamente incapaces de salvar las diferencias culturales entre la historia civilizatoria andina y la actualidad abstracta del arte moderno del que participaban. Hoy, salvo casos excepcionales en la escena local, la abstracción, el textil y la tradición visual amerindia volvieron a escindirse y pagan los platos rotos de las especializaciones profesionalizantes del arte contemporáneo.

Las pinturas de Delfina Bourse, sin embargo, han llegado a un lugar virtuosamente enrarecido, se han estacionado entre esas tres orillas y flotan en las aguas calmas donde se mixturan los colores y se astillan las reverberaciones ópticas. Por un lado, si bien es cierto que las obras de esta exhibición no son textiles, la forma que tiene Delfina de encarar la pintura parece empujar los límites de la disciplina hasta el borde del telar, por la sucesión de capas distinguibles, por el grosor de los chorreados y por la aparición de materiales voluntariamente rotundos. Por otro lado, en el recorrido que ha venido haciendo en sus investigaciones recientes, la artista se ha visto obnubilada por la peculiaridad de los textiles andinos y sus iconografías, un conjunto de piezas cargadas de siglos y de abstracciones, que rompen de manera tajante con la sesgada lectura que se ha hecho de las producciones precolombinas: mímesis, narración y surrealismo psíquico avant la lettre. Afortunadamente, las obras de Delfina Bourse recuperan una conversación olvidada entre la pintura moderna, la tradición textil de los Andes y el cúmulo de códigos de la abstracción.

Si, en su forma primigenia, en el sur del continente, el tejido era el generador de los patrones para la creación de figuras planas y abstractas, en la obra de Delfina son las formas abstractas y planas de esos tejidos las que generan nuevos patrones, a veces ortogonales, a veces solamente verticales pero siempre texturados y con cierta volumetría. Pero no hay en su obra trasposición circular del textil a la pintura, y de la pintura al textil reproducido con materiales pictóricos. La obra de Bourse parece ofrecer una abstracción que nace de otro lugar para explotar en sentidos novedosos.

Lo que en los textiles amerindios era búsqueda de claridad y patrones de lectura, la artista lo deriva en un sinfín de tramas veladas que se confunden, se tapan y hasta incluso parecen hostigarse. Quizás sea un poco osada esta proyección, pero esa confusión, al borde del pánico y del horror vacui, es un síntoma de época, más aún en la especificidad de las imágenes. Delfina toma el antiguo uso lingüístico del textil para enrarecerlo y evidenciar las incapacidades de lectura y comunicación a partir del contraste entre pintura y tejido, pero principalmente por su superposición. Las pinturas de esta exhibición tienen literalmente como base un conjunto de logogramas, extraídos de textiles andinos observados, sobre los cuales la artista construye una abstracción desmesurada, salvaje y hasta disforme. Es decir que las abstracciones de imágenes milenarias son el código estructural para las nuevas: todo un manifiesto silencioso y sin ostentaciones sobre el tiempo, pero lateralmente sobre la profunda incapacidad comunicativa de los códigos visuales contemporáneos.

Las pinturas de Delfina tienen un parecido a las imágenes digitales en su forma de construcción: un código escondido, matemático y prefigurado, atrás de lo que se presenta como volumétrico, seductor y producto del impulso. Las obras de esta serie se construyen con una lógica digital vectorizada extraída de los textiles, pero entregan, al final, un muro de colores indiscernibles que, sólo al principio, parece infranqueable. Y parte de su atracción reside en ese vaivén entre la opacidad del cuerpo de los colores y la capacidad de vislumbrar las capas que componen, encontrando en ambas veredas las mismas causas: sus texturas, sus irregularidades y su caos. Es que a la hora de mirarlas nuestros ojos van mudándose a las manos. Frente a ellas no hay hilos, no hay tramas, no hay urdimbres donde encontrar el origen, es cierto, pero el ojo y la mano se confunden en el deseo de meternos y atravesar las sucesivas capas, como si las pinturas fueran la manifestación táctil de un fragmento de aire, como si fueran textiles. Las imágenes de Bourse están en ese punto donde nuestra mano quiere acercarse para tocar, aún a costa de dejarla entrampada entre la trama, pero con la belleza única de haber tocado algo abstracto. La abstracción táctil de Delfina hace que el ojo y la mano se vuelvan a entrelazar, como en la producción artesanal de textiles, pero en la visualidad entrenada de las variaciones ópticas del arte moderno. Y es ahí donde el caos entrega claridad, porque sólo así es posible alcanzar el código tectónico de las imágenes, de los quehaceres y de las cosas, y palparlo.

Marcos Krämer (Buenos Aires, 1987) es curador, licenciado en Historia del arte y poeta. Recientemente realizó el Programa de Estudios Independientes Edición 2023-2024 de MACBA (Barcelona, España). De 2017 a 2022 se desempeñó como curador en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires donde realizó, entre otras, las exhibiciones de Ad Minoliti, Clara Esborraz y Mildred Burton, además de exposiciones individuales en distintos espacios independientes e instituciones del país. En 2025 realizó dos exhibiciones colectivas como "Lluvia ácida. 45 años del Centro Cultural Recoleta" (CCR) y "Algunos oficios. Arte, trabajo y precariedad en Argentina" (BIENALSUR, Parque de la Memoria). En 2015 publicó el ensayo “Un reflejo en la penumbra” sobre el artista Fernando García Curten y entre 2018 y 2022 tres libros de poemas: “Mínimo, Vital y Móvil” (2018), "Obra Social” (2021) "Reverberancia" (2022) en colaboración con Agustina Amabile. En paralelo es docente universitario en la Licenciatura en Prácticas Artísticas Contemporáneas (UNSAM) y en la Tecnicatura Universitaria en Producción y Gestión de las Artes (UBA)


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