
TRANCE de MAURO PALAVECINO
CURADURÍA: CARLOS HERRERA
SALA DEL PLATA
6 de marzo | De 19 a 00h
Chile 1049 - CABA
DJ SET: VIAUX | SIMI
—-
TRANCE
La instalación de Mauro Palavecino articula como un dispositivo de insistencia dentro de una
arquitectura acotada. No organiza un relato ni propone una progresión narrativa, sino que construye
un campo de repetición donde imagen, sonido y espacio operan como fuerzas que retornan. La
repetición no funciona aquí como redundancia formal, sino como estructura política del sentido:
aquello que se repite no busca ser comprendido, sino sostenido en el tiempo.
En este régimen, la imagen seriada pierde su carácter representacional y se vuelve pulsación. Cada
aparición no refuerza a la anterior, sino que la desgasta, la vacía, la convierte en vibración. Lo que
emerge no es una figura estable, sino un estado: una presencia suspendida que insiste en no
desaparecer. La obra no muestra cuerpos; muestra la imposibilidad de clausurarlos.
La transparencia, lejos de ser un valor óptico o estético, se presenta como problema. Lo transparente
no garantiza acceso ni claridad, sino exposición. El cuerpo visible es, al mismo tiempo, un cuerpo
vulnerable. La transparencia señala una ética de la fragilidad: una condición en la que el cuerpo queda
sin protección simbólica, atravesado por miradas, discursos y regulaciones. Ver a través implica asumir
el riesgo de la pérdida.
Desde esta perspectiva, el beso aparece como una figura crítica del contacto. No como gesto íntimo o
afectivo, sino como umbral biopolítico. El beso es el lugar donde el deseo entra en fricción con el
control, donde el cuerpo se vuelve superficie de inscripción de discursos sanitarios, morales y
pedagógicos. El beso rosado condensa una memoria colectiva en la que el contacto fue administrado
por el miedo y la sospecha, y donde el placer estuvo históricamente asociado al peligro.
El sonido opera como un mecanismo de vaciamiento semántico. La palabra repetida deja de significar
para volverse ritmo. El lenguaje ya no comunica: insiste. Esta insistencia produce un estado de trance
que no remite a la evasión, sino a la saturación. Repetir hasta borrar. Repetir hasta que el sentido se
agote y quede solo la vibración del cuerpo que escucha. El trance funciona aquí como tecnología
mínima de supervivencia.
La instalación configura un purgatorio secular, despojado de promesa redentora. No hay castigo ni
salvación, solo suspensión. Un espacio intermedio donde los cuerpos no avanzan ni retroceden, sino
que permanecen. Este purgatorio no es metafísico, sino histórico: un tiempo detenido producido por
experiencias que no logran cerrarse ni archivarse del todo.
El uso de materiales livianos, industriales y descartables introduce una economía de lo precario. Lo que
fue pensado para circular y desaparecer es detenido, elevado, multiplicado. Esta operación invierte la
lógica del desecho: lo frágil se vuelve insistente, lo liviano ocupa el espacio, lo residual reclama
atención. La obra no monumentaliza; precariza la monumentalidad.
La repetición, en este marco, se vuelve también una forma de denuncia. Denuncia de un cuerpo
administrado, cansado, atravesado por narrativas de riesgo. Denuncia de una pedagogía del miedo que
reguló el deseo durante décadas y cuyos efectos persisten más allá de sus condiciones históricas.
Repetir no para recordar, sino para señalar que ciertas experiencias no se resuelven, no se superan, no
se olvidan.
Sin embargo, la insistencia no se agota en la herida. En su dimensión más productiva, la repetición
opera como gesto de limpieza. Saturar para borrar. Vaciar para habilitar otra relación con el deseo. En
este movimiento, el beso deja de ser únicamente signo de amenaza y recupera su potencia afectiva,
aunque ya no inocente: una potencia consciente de su historia.
La obra de Mauro Palavecino no propone reconciliación ni cierre. Propone un estado. Un espacio
donde el cuerpo, aun expuesto y cansado, persiste. Donde la fragilidad no es déficit, sino condición
política. Donde el deseo, lejos de ser negado, insiste.
Carlos Herrera / enero de 2026
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En SALA DEL PLATA
TRANCE de Mauro Palavecino
6 de marzo | De 19 a 00h
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