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Hugo Hojman

15 de octubre

Open Studio

publicado el

Artista: Hugo Hojman

Muestra: Open Studio

Fecha y hora: jueves 15 de octubre, 11 hs

Lugar: Zapiola 789, CABA

Texto curatorial: Rodrigo Alonso

Prensa y RRPP: Alejandra Britos

Web: www.hugohojman.com.ar

Instagram: @hugohojman



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Hugo Hojman abre su taller para mostrar el desarrollo de “Anatomías disidentes”, su indagación sostenida desde los años 60 sobre la reformulación del cuerpo femenino en diálogo con la historia del arte. Arquitecto de formación, inició su práctica artística en 1960 con Cecilia Marcovich y expuso por primera vez en la Galería Van Riel en 1968.

A lo largo de series como Figuritas, Luchadoras y Venus porteñas, Hojman desarticula la lógica anatómica clásica para poner en tensión el canon de belleza heredado —de la Venus a la Victoria de Samotracia— con la figura de la mujer contemporánea, incorporando referencias que van de las Amazonas a los murales de Bonampak. Su proyecto más reciente es una instalación que reconstruye el templo de Erecteión y sus seis cariátides, partiendo del relato de Vitruvio sobre mujeres condenadas a sostener el peso de una arquitectura, para cuestionar lo que la historia del arte suele presentar solo como belleza clásica.

Hojman integra colecciones como el Museo Eduardo Sívori y el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, y recibió distinciones como el Primer Premio Pintura de la Fundación Arché (1982) y el Primer Premio del Monumento a Barón de Hirsch (1988), obra pública emplazada en Av. Warnes y Julián Álvarez.


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Texto curatorial completo

“Anatomías disidentes” por Rodrigo Alonso

El trabajo de Hugo Hojman llama la atención por la constancia con la cual desarrolla el tema que lo apasiona: la reformulación del cuerpo femenino en diálogo con la historia del arte y con las circunstancias cambiantes de la mujer. Desde su exposición individual en la galería Van Riel a finales de los sesenta, pinturas, dibujos y esculturas en poliéster son los soportes predilectos para llevar adelante esa búsqueda, que adopta nuevas configuraciones y perspectivas hasta el día de hoy.

Hojman organiza sus obras en series. Ya desde la primera —Figuritas— aparece el interés por repensar el cuerpo femenino, que fuera un motivo fundamental para la construcción de una historia de las formas estéticas. En su abordaje expresivo, Hojman desarticula la lógica anatómica y enfatiza los volúmenes curvos, que acompaña con un exaltado uso del color. Tanto las estructuras corporales como los tratamientos cromáticos escapan a los dictámenes naturalistas con el fin de arribar a una imagen que evada las interpretaciones inmediatas y que exhiba, ante todo, una experiencia plástica. De este modo, la dimensión visual y expresiva antecede y, en buena medida, desborda, cualquier clausura conceptual del sentido. Pinturas y esculturas comparten el acento en la expresión: en las pinturas, ésta aparece en trazos fuertes y definidos; en la escultura, se la observa en la dinámica de los volúmenes y sobre todo en la aplicación de los pigmentos.

En la serie Luchadoras, la figuración del cuerpo se articula con una reflexión sobre la transformación del lugar social de las mujeres. Según el artista, esta derivación surgió del propio trabajo antes que de un programa predefinido. Los cuerpos adquieren ahora una potencia guerrera que Hojman vincula con la figura de las Amazonas. Desde el punto de vista técnico, los cambios más importantes se advierten en las esculturas: el color se va tornando rojizo, algo realista, y los acabados se van perfeccionando, merced a continuas experimentaciones que permiten lograr unas superficies pulidas impecables.

En el marco de las referencias habituales de la historia del arte, las formas femeninas remiten a las múltiples versiones de Venus o a la Victoria de Samotracia. Pero un viaje por Guatemala y México altera esa mirada. Los murales de Bonampak, los templos de Tikal, las imágenes de las comunidades lacandonas, el simbolismo del jaguar y la convivencia entre memorias ancestrales y vida contemporánea, llevan a Hojman a modificar sus puntos de vista. Las nuevas Venus coexisten con serpientes y jaguares, y adoptan formas híbridas. En las pinturas, aparecen imágenes de templos donde antes había solo un fondo plano. Cabe subrayar que el artista asume el lugar desde el cual observa: su formación occidental, grecolatina y europea. No se apropia del arte autóctono, sino que incorpora a su trabajo el impacto que le producen esas culturas y su persistencia.

La figura de la diosa del amor ingresa al siglo XXI en la serie de las Venus porteñas. Aquí, Hojman pone en tensión el ideal clásico de belleza con cuerpos y escenas observados en Buenos Aires, operación que puede leerse como una relectura crítica —no exenta de ironía— del canon estético heredado. Las esculturas se tornan más amorfas, aunque la multiplicación de los senos no deja dudas sobre la remisión a la anatomía femenina. Su cromatismo es cada vez más naturalista: son, ahora, variaciones de rosa que copian los tonos de la piel. Las pinturas incorporan anuncios de oferta sexual tomados de la prensa gráfica. Una, en particular, combina estos anuncios con una apropiación del Desayuno sobre la hierba de Claude Monet.

La producción reciente de Hugo Hojman explora nuevas aproximaciones sobre el mismo tema. Un conjunto de piezas pequeñas de tonalidades blancuzcas revisita un mito caro a la historia del arte, Leda y el cisne, siguiendo la línea de las interacciones entre feminidad y animalidad. Pero el proyecto actual más ambicioso es una instalación que reproduce el templo de Erecteión y las seis cariátides. Su punto de partida no es formal sino histórico: retoma el relato de Vitruvio que describe a las cariátides como mujeres condenadas a sostener eternamente el peso de una arquitectura. Así, expone la distancia entre la belleza formal atribuida al monumento clásico y el sentido punitivo que subyace en las figuras, proponiendo una reconsideración de aquello que la historia del arte tiende a presentar únicamente bajo la categoría de lo bello o lo clásico, relegando a un segundo plano sus implicancias sociales.

En síntesis, el conjunto de la obra de Hugo Hojman pone de manifiesto el carácter inagotable de su búsqueda, que continúa más allá de las contingencias estéticas y las modas. Cada una de ellas establece una tensión productiva entre la belleza formal, la memoria histórica y su relectura contemporánea con el fin de despertar cuestionamientos y respuestas emotivas en el espectador. Es en esa tensión donde el trabajo de Hojman encuentra todavía su territorio más propio.

— Rodrigo Alonso

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